martes, 16 de junio de 2015

La batería de Viet Cong retumba dentro de mi cabeza. Sus baquetas solo encuentran restos derrumbados de experiencias rotas. Olvidadas, cubiertas con una fina capa de polvo. Y de polvos. Puntas abiertas de neuronas que delatan el descuido por parte de su(s) dueño(s). Trabajo, más trabajo, cerveza. Música entre trayectos infernales rodeada de personas que no son capaces de intercambiar sus montañas rusas personales, una sonrisa, pocas palabras.

El silencio aterrador nos come, nos consume hasta tener que escribir en estas breves líneas lo que nos ocurre. No nos atrevemos a golpear tras recibir millones de golpes, no nos atrevemos a ver tras atraer millones de miradas por vestir diferente, pensar diferente, vivir diferente. ¿Por qué continúa dándonos miedo? Prefiero mirarte en filtros de colores otoñales que no la propia realidad. Dejemos las cosas claras (por Whatsapp). Te miro a los ojos a través de una foto en Instagram. Tu voz me eriza la piel cuando la oigo a través del teléfono. Y tus besos, inexistentes, me producen calor y temblor cuando me los envías dentro de frascos mientras escucho el himno de tu cuerpo. Histeria, crueldad, frialdad, retención de emociones por no pasar la frontera burocrática de la normalidad.


Vapor. Tus palabras se quedaron en pura niebla. Poca claridad, viajes producidos en la séptima constelación de lunares de tu espalda. Jugar a ser alguien cuando todos saben que no somos nadie. Poesía retirada de las estanterías de tu cabeza y vomitada en versos sin sentido, ladrados de madrugada. Y qué bonito, y que bien, y que no. Que nos asusta, que nos gusta y que a la vez, sentimos el placer de la decepción, del estar mal. Y yo que no me creía la teoría del bienestar maligno, que era imposible. Existe, lo experimentamos. No a la revolución de la emoción, por favor. Que con nuestros trabajos de mierda, nuestra rutina y nuestras risas falsas pueden desmoronarse nuestra no-vida con su latente falta de seguridad. Y pensaste en renunciar. Y yo no. Y lo hiciste. Y yo sigo pensando que aún no, que aún se puede, que podemos, que debemos y que queremos. Y tú ni quieres, ni por supuesto debes. Y quizá quieres. Y ahora toco música, canto, fotografío el tiempo, escribo cartas sin remitente y pienso en un pasado inexistente. Ni ventanas, ni cortinas, ni privacidad. Ahora quizá soy un poco más quien quiero ser, y quien tú llevas tiempo dejando de reconocer.

sábado, 8 de junio de 2013

Encara plora. Després d’anys, encara plora. No ha tornat a ser la mateixa, plena de color i somriures. La bona relació i comunicació entre els tres pobles es va esvair i ara ja no en queda cap rastre. Només en queda l’amargura i l’arrogància, l’odi i el rancor que encara malmet els cors dels ciutadans.

La ciutat viu en el llegat del passat trist i desconsolador. La guerra els va fer infeliços, sense capacitat de regeneració. La generació de la guerra.

La ciutat plora.


lunes, 18 de marzo de 2013

“No te hagas notar. Hoy no, hoy no…”


Luz. Aquella extraña presencia, aquel extraño material que Barcelona sabía tan bien mostrar. Entre balcones se asomaba esa tierna luz que hacía sonreír a más de un viandante. En lugares recónditos donde podías encontrar gente variopinta con diferentes filosofías y creencias pero que, sin duda, podrías aprender mucho de ellos. Ropajes de todos los tamaños y colores, de todos los estilos y épocas.  Algunos soñaban con trasladarse a otras épocas. Otros pensaban que aquella era la mejor época para haber nacido. Por nada del mundo querrían regresar al pasado o viajar al futuro. Aunque algunos tuvieran la posibilidad.

Y mientras tanto, temía a perder todos esos momentos. Temía a perder todas esas sonrisas, también esas lágrimas, esos instantes azules. Esa esencia que compartíamos, que hacía de nuestras vidas arte y pasión. Y miradas, muchas miradas. Mientras tocábamos la guitarra, hacías que el tiempo no existiera. Hacías que nos olvidáramos de todos los problemas más trascendentales que durante siglos hombres de diferentes condiciones habían tenido.

Y pensaba… y quería dejar de temer. Anhelaba con todas mis fuerzas dejar de tener miedo. Desde siempre había tenido miedo a muchas cosas. Pero por circunstancias de la vida llega un momento (tu momento) en el que sabes que debes dejar de tener miedo. Yo quería aprender a no tener miedo. Y, de alguna manera, aquel alguien, en aquel momento determinado, empezó a ayudarme poco a poco.


lunes, 31 de diciembre de 2012

Now I'm ready to start



"Businessmen drink my blood like the kids in art school said they would. And I guess I'll just begin again. You say can we still be friends.
If I was scared, I would. And if I was bored, you know I would. And if I was yours, but I'm not.
All the kids have always known that the emperor wears no clothes. But they bow down to him anyway, it's better than being alone.
If I was scared, I would. And if I was pure, you know I would. And if I was yours, BUT I'M NOT".




Fotografía de André Kertész (1894 - 1985), uno de los grandes fotógrafos dadaistas.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Te convertiré en grito y en cristal

Creo que… sí, me gustaría romper las ventanas contigo. Gritar y romper las ventanas. Correr hasta no poder más, llegar al precipicio que une nuestras vidas y gritar hasta quedarnos afónicos. Al no poder hablar en un tono normal, deberemos hablar en suspiros. En susurros, en suspiros de voz que, curiosamente, clamaran un mensaje de magia.

Toco mis labios con los dedos, y creo, por una milésima de segundo, que mis dedos son tus labios. Con cuidado, los rozas, dejando partículas de aire microscópicas entre tus labios y los míos. Nos miramos, sonreímos. La timidez que siempre nos vencía en los momentos más decisivos ha dado paso a miradas que duran minutos, a inspecciones de columnas vertebrales, a besos dados con cuidado. Jugamos. Nos lo tomamos en serio. Nunca nos habíamos tomado tan en serio ir allí donde solíamos gritar cada semana. Cada viernes por la noche nos reuníamos, sin hablarlo, en lo alto de todo de Montjuïc, para volver a recordar todas aquellas tardes que nunca sucedieron juntos. Corríamos, gritábamos, nos besábamos. Hacía frío, y nos daba igual.

Mi corazón llora ahora mismo. Los ojos siempre aguantan.

Ya no queda nada de todo aquello.



Después de un tiempo, un tiempo muy largo, excesivo, he vuelto a las andadas. Después de perder la confianza en la escritura, la recuperé. A veces solo hace falta un empujón de aquellos quien menos te esperas o, simplemente, de las fuerzas de una misma para superar obstáculos. Me alegro de volver por estos mundos.
Han pasado demasiadas cosas desde que dejé los mundos del blog. Tantas, que será necesario una búsqueda interminable de maneras para materializarlas en palabras.
Bienvenidos, de nuevo.

sábado, 7 de mayo de 2011

All the cigarettes that I have never smoked

Te conocía desde los diez años. En aquel tiempo eras un chico tímido, pasota y, a la vez, rebelde. Nunca me fijé en ti. Y pensé que nunca lo haría.
Miento. De hecho, una vez me sorprendiste. Una vez tuvimos una conversación de la que salí enormemente sorprendida de lo encantador que podías llegar a ser.
Y ahora nos encontrábamos en ese mar de personas, en un mar de emociones, en una niebla musical. En aquel éxtasis continuado de una noche de estrellas azules. En un pequeño concierto en el cual volvimos a creer en la magia del color azul. En concreto, de dos pequeños faros que llevaban guiando mi camino desde que aprendí a vivir gracias a ti.

Fue un jueves por la noche en el que Russian Red hizo que nos volviéramos a reunir después de tantos años. Yo acababa de salir de una relación de lo más rara que puede existir. Y, de repente, te vi con tu pelo que no dejaba ver tus encantadores ojos. Hacía unos meses que había empezado a pensar en ti. En concreto, desde que nos cruzamos por la calle el verano pasado (véase el texto que empieza “El típic dia d’estiu. Feia calor…”).

Nos acercamos lentamente el uno al otro mientras nuestras miradas nos dedicaban el primer de innumerables saludos. Nos saludamos, unos “qué tal, ¿te acuerdas de mí?” (era evidente que los dos nos acordábamos de ambos).


Unas miradas dijeron mucho más que unas horas de conversación al salir del concierto.



Dime donde y cuando, y allí estaré.



Escrit el febrer de l’11, un altre cop amb influència de Coldplay (sembla que siguin presents en els nostres moments artístics).


Esteu preparats pel millor estiu de les vostres vides...?

lunes, 14 de marzo de 2011

SENT!

L’altre dia vaig descobrir la màgia dels teus ulls. Ja no queda rastre dels teus petons als meus llavis. Recordo la teva olor cada segon, però per aquí ja no queda rastre d’aquella peculiar fragància.

M’agradaria ballar amb tu sota la pluja. Cantar i ballar sota la pluja. Treure la llengua i beure’ns els trossets de núvol que cauen sobre nosaltres. I caminar, no parar de caminar i ballar sota les gotes d’aigua. Arribar fins a un punt en què la càmera de fotos ja no disposi de més bateria. O de més carret. Arribar a un punt en què la pluja acabi amb nosaltres i caiguem, abatuts, contra el terra. I que els teus llavis, molls i plens d’il·lusió, acariciïn els meus amb tanta delicadesa com l’aire acariciï la nostra pell. Que es faci de nit i nosaltres, immersos en el nostre món, no ens adonem de la facilitat amb què la lluna es menja les estrelles. De la facilitat com un parell de persones que no es coneixien poden arribar a sentir-se l’una a l’altra en un indret màgic, especial. Trobar un refugi i no voler-lo aprofitar. Voler viure amb la pluja, amb la màgia que una petita gota d’aigua et pot canviar la vida. Sospirs, xiuxiueigs, paraules en veu baixa: no volem destorbar el perfecte so de la pluja caient sobre les nostres robes plenes d’emoció i d’adrenalina. Tocar la guitarra hores i hores paral•lelament a la nostra música feta de petons i mirades. Música feta de carícies i de mans fredes i suaus. Que ens quedéssim adormits amb el so de la pluja i tapats amb la seva presència.

I dir-te a l’orella de manera gairebé imperceptible la paraula que ens ha creat la necessitat de viure sota la pluja: SENT!









Adoro els dies de pluja a casa. Gràcies srs. dies-de-pluja per inspirar-me a escriure.

De la importància que té la poesia simbolista en el nostre dia a dia. SENT. (Referència a les nostres adorables classes de literatura catalana amb la Cèlia). També una petita referència a Javier Mariscal (per tots aquells que ja sabien de l’existència de "Chico&Rita" mesos abans de la seva estrena i que quan van veure que s’estrenava als cinemes es van alegrar de ser uns privilegiats).

sábado, 19 de febrero de 2011

Este año, febrero me ha robado un par de sonrisas azules

He escrit un petit text. Sobre nosaltres? Sobre tu? Sobre mi? Sobre tot i sobre ningú. D’un parell d’amics, d’amants, de confidents, d’observadors, que un dia es van conèixer sense saber molt bé com ni quan i que van voler cridar al vent unes paraules ensordides que no arribarien a ningú i, tot i així, serien sentides per diferents grups de persones uns quants anys després.

Per una raó que desconec, sabia que ens tornarem a veure. Per alguna raó, només podia recordar-me de la teva olor. Creu-me, des que vam deixar de veure’ns he viatjat per desenes de països, he conegut a milers de persones de tot tipus (gràcies per comprendre que és impossible ser igual que tothom), he anat a llocs remots i a llocs plens de gent, a concerts de tot tipus, i no he pogut trobar aquella olor. Potser no calia marxar tan lluny per trobar-la. I crec que he arribat a una conclusió. Aquella olor és exclusivament teva, i crec que cadascú té la seva olor, depenent del seu estat d’ànim. Potser he acabat idealitzant la teva olor. Potser era una excusa per recordar-me de tu.

Tu sempre havies fet la mateixa olor encantadora, menys l’última vegada que ens vam veure. Aquell últim dia feies olor a por i a preocupació. Les teves paraules atemorides van dir coses que cap dels dos volíem sentir. Era el preu que havíem de pagar per amagar-nos. Estàvem prohibits.



Volia tornar a sentir la teva olor a petons i a timidesa amb un punt d’emoció.


sábado, 12 de febrero de 2011

Febrer

- No he recorrido 3756 kilómetros contigo para que ahora me digas que echas de menos todo lo que dejamos atrás.
- Quizás no es que tenga miedo a dejar atrás todo lo vivido, sino que tengo miedo a lo que puede venir.

Ella no se atrevía a decirle un simple “te necesito”. Aún cree que no será capaz de decírselo, aunque solo sea un pequeño, casi imperceptible susurro.

Un simple “quédate”. Un simple “no te vayas”. Un simple “¿cogemos el primer avión a cualquier destino?”. Un simple “me encantas”. Un simple “gracias por ser como eres”. Y por hacerme sonreír. Y por cogerme de las manos de aquella manera que solo tú sabes apretar. Por mirarme con esos ojos de loco.







Aquests dies m'estan passant coses que mai imaginaria que em passarien. Estic canviant. Tardes de febrer.


-Nena, saps que tinc un grup? Toco a Els Amics de les Arts.
-Què?
-Els Amics de les Arts.
-Un grup de què?
-Música.
-Ah.
-Sí, de música.
-És que jo el rock català...no..
-No...?
-No...?
-No bueno és que...
-Que què?
-Que no és ben bé... no saps aquella que diu “ho sento mooolt”?
-Com?
-No res, tranquil·la, et porto a casa?

sábado, 29 de enero de 2011

INSTRUCCIONS DE VIDA III

Comprar un mapa d’Europa en una botiga d’antiguitats. Estendre’l sobre la taula. Tancar els ulls. Amb el dit índex, assenyalar qualsevol part del mapa. Obrir els ulls. Preparar una motxilla amb quatre coses. Agafar la moto, preferiblement vermella. Marxar al lloc assenyalat i gaudir del viatge de la teva vida.


I hope that that place will be København...





Gràcies a la Judit per la foto.

Falten 42 dies perquè l'Albert Espinosa (alguns ja sabeu que és el meu amor platònic) tregui una nova novel·la. Senyor Espinosa, m'ha estat llegint el pensament?

viernes, 7 de enero de 2011

Una tarde haciendo fotografías.


- Barcelona es una ciudad preciosa, perfecta para hacer un reportaje fotográfico.
- No será para tanto – me decías tú.

Hasta que, juntos, lo comprobamos. Perdernos por sus callejones fue lo mejor que pudimos planear aquella tarde de setiembre. Miles y miles de fotos tiradas al aire, a la esencia, nuestra esencia. Esa esencia adolescente, despreocupada y, a la vez, tímida, quedó impregnada del aire bohemio de los barrios intelectuales de la ciudad condal. Esos barrios donde soñábamos comprarnos un pequeño piso, quizá un local, para dejar fluir nuestro precario arte y gritar al mundo que teníamos algo que mostrarle.

Recuerdo exactamente todos los trazados de nuestra ruta aquella tarde azul. Te pusiste unos pantalones verdes, tus bambas gastadas y un sombrero, que, según tu abuela, te hacía parecer un gánster. “Si es así, adoro a los gánsteres”, pensé al escucharla. Yo, con esas curiosas botas que me regalaste, que no abrigaban nada, perfectas para verano, y con la boina que fue motivo de nuestro primer encuentro. Parecíamos personas nuevas, pero en realidad éramos más clásicos que nunca.

Disparábamos sin cesar; no nos cansábamos de captar todas las perspectivas de todos los edificios de todas las calles de Barcelona. Y los parques, y las fuentes… Todo en esa ciudad parecía hecho a medida para nosotros. Nunca voy a poder olvidar, aunque quisiera, las mil y una sonrisas que me dedicaste la tarde de las fotos mágicas, como solías llamarla tiempo después. Y, la verdad es que, de una forma u otra, esas fotografías fueron las mejores que hicimos en años.
Nos recorrimos todas las calles que pudimos: todo el Born, el Gòtic, la calle Argenter, esas calles que parecían napolitanas, llenas de ropa tendida en sus balcones…

Juntos en la calle Petritxol, hicimos las fotos en el café que a mí me parecía el café de una conocida película (gracias por comprender que a veces las casualidades son planeadas). Después de merendar empezamos a sacar instantáneas que nos costaron la bronca del amo del café. Nos daba igual, sentir esa felicidad (la felicidad número 4, aquella que solo se siente con una persona en la vida, especial y fácilmente identificable) juntos era lo único que nos importaba.

Nuestras cámaras tenían veinte años; eran mayores que nosotros, y ellas, de algún modo, cuidaban de nosotros. Nos guiaban en nuestro camino, nos inspiraban grandes y pequeños paisajes antes retratados por misteriosas parejas.

Decías que un buen fotógrafo no se caracterizaba por los años de fotografía que había estudiado, sino por el amor que sentía dentro hacía lo que iba a fotografiar. Por eso odiabas los fotógrafos de bodas y bautizos. Y, a mi manera, también opinaba lo mismo. Los dos defendimos la teoría de que las cámaras son más buenas si son más antiguas. Y estábamos seguros de que si captábamos aquello por lo que sentíamos pasión, el resultado serían una fotos mágicas, con derecho a ser expuestas en los mejores museos y galerías. De ahí el nombre que le pusiste a aquella tarde.
Por eso, en la mitad de mis fotos sale Barcelona, y en la otra mitad, sales .


Apenas teníamos diecisiete años y creíamos que nos íbamos a comer el mundo. Y si bien no pudimos comérnoslo todo, al menos nos comimos una pequeña parte de él.








Esta semana en Barcelona ha sido genial. Sus calles, sus luces... Y todo el día haciendo fotos a miles de lugares.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Dicen que para que algo te vuelva a suceder, tienes que repetir exactamente lo que hiciste aquel día. Así lo hice ese verano. Repetí exactamente lo que hice el verano del 2005 para volver a encontrar esa sensación de felicidad que raras veces experimentaba. Lo copié, excepto con pequeñas, minúsculas variaciones. Quizás ese verano se me apareciera con pequeños cambios.


lunes, 13 de diciembre de 2010

Y sentir esa felicidad característica al hablar con esa persona que hace que te olvides de tus millones de problemas. Que hace que con un simple gesto, con una simple mirada, olvides que existe un mundo a tu alrededor. Que hace que pierdas la noción del tiempo, que hace que puedas hablar tres horas con él y te parezcan diez minutos. Que logra hacerte sonreír durante toda una tarde. Que hace que las distancias te parezcan absurdas. Que hace que prefieras un paisaje nevado y frío a un paisaje cálido y amable. Que hace que de ti salga todo lo bueno.

Una persona interesante, que hace que hablar tres horas del mismo tema sea un refugio en plena tempestad. Que provoca en ti el deseo de viajar con él hasta los confines del mundo. Que hace nacer en ti nuevos sentimientos y recuperar viejas sensaciones que creías que habían desaparecido dentro de ti. Esas sensaciones que creías haber soñado, pero en realidad habías vivido. Hacía tanto tiempo que no las sentías, que creías que no existían. Esa persona que hace que te pases todo un fin de semana pensando en él, desde los primeros cinco segundos al levantarte hasta los últimos cinco segundos antes de dormirte. Que hace que no pares de hacer fotos para ver si en alguna de ellas captas la esencia de su ser. Que hace que cada paisaje observado te recuerde a él, quizás sabiendo que él captaría la imagen para la eternidad. Que hace que quieras hacer mil y una cosas con él.




26.nou, Kinder.

viernes, 3 de diciembre de 2010

LOVELY.

El otro día pude presenciar una de las cosas más bonitas que a alguien le puede suceder.

Viernes por la mañana. En el instituto se celebraba la semana de la ciencia, que según mi profesor de filosofía, hasta la ciencia tiene un santo…
Yo hubiera estado contenta… si no hubiera estado en segundo de bachillerato, el curso en el cual tienes más faena que en toda tu vida junta. Así que prefería estar en casa avanzando trabajo que estar en el instituto sin hacer nada. La parte buena de la fiesta es que tenía una hora de patio, y podía charlar tranquilamente con mis amigos.
Hacía demasiado frío en aquel viernes gris de noviembre. Me quedé dentro del recinto con unas amigas, charlando sobre cómo nos había ido el examen de geografía hecho hacía pocos minutos. En las escaleras se encontraban sentados un chico y una chica que hacía pocos meses que se conocían. A simple vista, estaban hablando. Pero me detuve a observarlos. El chico le estaba cantando una canción a la chica con una guitarra.

Escena cómica, si tienes en cuenta que el chico tocaba dos acordes y se detenía, y diez segundos más tarde se disponía a tocar toda la canción, que acababa en fracaso al no tener nociones de guitarra.
Escena preciosa, si tienes en cuenta que ella sonreía, mirándole a los ojos, y pensando que ese era uno de los mejores INSTANTES de su vida. Y él se esforzaba por hacerla feliz, por hacerla SONREÍR.

Y, a mi parecer, la escena era encantadora. Encantador él. Encantadora ella. Encantadora la forma del chico para declararse. Encantadora la reacción de la chica ante la preocupación del chico.
Después de la canción, los dos empezaron a mirarse y a hablar más cerca de lo que una pareja de amigos haría. Los ojos de la chica brillaban más que el mar en verano. Se cogieron de las manos, y se hicieron una promesa, una promesa que debía durar para siempre. A continuación se besaron.

En aquel INSTANTE pensé en la suerte que ella tenía. Pensé, en mi mente adolescente, que me encantaría que un chico me tocase una canción, aunque no tuviese ni idea de tocar o de cantar. Porque lo que estaría dentro de su corazón importaría más que los hechos. Porque lo que llevaría dentro suyo sería un gran ARTISTA.
Y entonces empecé a pensar en mi chico ideal. Un artista, no importa qué arte le apasionara. Y todo lo que la palabra artista implica. Un chico sensible en los momentos oportunos, pero racional e inteligente en los instantes óptimos. Que le apasione viajar. Que le guste probar cosas nuevas. Un tipo revolucionario, que no le importe ir a contracorriente.

Y con una gran sonrisa esbozada en sus labios.

Cuando esta pareja rompa, este texto carecerá de sentido, perderá toda la magia que en un momento tuvo. Y quizás sea necesario borrarlo, hacer como si no hubiera pasado nada, y creer que todo lo que pasó fueron puras imaginaciones.

Añoraba estas reflexiones a pie de página. Estoy en la recta final de un largo y trimestre. Tengo la sensación de que llevo un año entero en el instituto cuando apenas llevo tres meses. Pero las pequeñas cosas, las pequeñas ilusiones, los pequeños sueños, las pequeñas esperanzas, las sonrisas y las carcajadas entre amigos son los que me hacen sobrevivir. Gracias a todos los que me han hecho reír este trimestre.

viernes, 26 de noviembre de 2010

INSTRUCCIONES DE VIDA (2)

I agafar una motxilla, posar-hi quatre coses, i marxar cap a qualsevol ciutat europea.

Maybe Viena.

viernes, 5 de noviembre de 2010


El típic dia d’estiu. Feia calor, i un sol espaterrant em torrava els cabells castanys. Era d’aquells dies ideals per anar a la platja. D’aquells dies que dius: “Avui em menjaré el món!”.
I acabes no fent-ho, acabes veient una pel·li de Woody Allen, de les que fan riure, de les que ell es troba angoixat, però amb la seva angoixa acaba solucionant el cas. D’aquells dies que penses: “El trobo a faltar”. Però no fas res per contactar amb ell. D’aquells dies que tens ganes de tocar la guitarra, i acabes per ignorar-la.
D’aquells dies que penses en fer un viatge que mai oblidaràs, i acabes per decidir que ja en pensaràs l’any que ve.

Aquell era un dia d’aquells. Un dia qualsevol, en que surts al carrer sense saber molt bé la teva direcció, ni la teva trajectòria, ni el sentit de les coses. Aquell dia vaig descobrir la màgia del blau. Tota la màgia que poden tenir un parell d’ulls ben oberts. Van ser dos segons d’una mirada penetrant i intensa.
Ell portava l’skate a la mà; era evident que li pesava. Les seves bambes havien recorregut milers d’històries i aventures. El seu cabell havia patit un gran nombre de modificacions, i aquell dia havia decidit no pentinar-se. El reconeixia. I tant que el reconeixia. Els amics de la infància no s’obliden mai. En aquell instant vaig recordar les mil i una aventures que havíem viscut junts: les tardes a la riera, la primera vegada que vam agafar el metro sols, els dies sencers a la platja, les hores jugant a la plaça i menjant gelats, i la promesa que quan fóssim un parell de vellets tornaríem als llocs més importants per a nosaltres.

No podia deixar escapar la ocasió, no podia oblidar l’amistat d’anys. “Tens hora?”, li vaig preguntar. Ell va observar que jo portava un rellotge al canell. Quan se li va esbossar un gran somriure sota el seu nas, em vaig adonar que ell també m’havia reconegut.



Text escrit amb la influència de Coldplay, no podia faltar.

Història fictícia a partir d’un cas real que em va passar. Per petició d’una de les meves seguidores, avui en "llemosí". (B.C. Aribau).
:)

lunes, 25 de octubre de 2010


Desesperación y timidez es una combinación que nunca fue compatible. En mi caso estas dos sensaciones eran continuas. Desesperación por una parte, porque veía que él no mostraba el tipo de interés que yo quería que sintiese por mí, y timidez porque no me atrevía a decirle lo que sentía por él. Y Mark, su mejor amigo, siempre me aconsejaba sobre el tema. Él era una de las personas que más bien lo conocía en este mundo. Habían sido amigos desde párvulos, y se habían convertido en inseparables. Mark se había mudado hacia ya unos años a veinte kilómetros de la ciudad, pero esto hizo su relación en una amistad más estrecha. Mark siempre me ayudaba cuando estaba deprimida por su mejor amigo, cuando éste no me hacía caso o simplemente no se daba cuenta de lo que hacía por él. Mark siempre estaba allí cuando necesitaba cualquier cosa, y de tanto hablar de mis sentimientos con él, se había convertido en mi mejor amigo.

Sábado noche. Una tarde juntos, los tres. Una vez más, llegué a casa triste por él, que no me hacía el tipo de caso que yo quería. Me encerré en mi habitación, y cuando estaba a punto de derramar la primera lágrima por mis mejillas, Mark me llamó. Sabía exactamente lo que estaba sucediendo por mi mente en aquel momento.

- ¿Estás bien?
- Sí, pero ahora no tengo ganas de hablar. Te llamo mañana.

Mark era encantador llamándome preocupándose por mí. Entonces comprendí que nadie, nunca, en ningún lugar, había sido tan bueno conmigo como él. Me percaté de todo lo que había hecho por mí, y vi que sus acciones eran más que las de un buen amigo.

A veces hay que mirar las cosas desde diferentes puntos de vista. Había estado tan absorta en mis problemas, que no prestaba atención a lo que pasaba por la cabeza de Mark. Y pronto empecé a sentir por él lo mismo que él sentía por mí.



¡Empieza una semana tranquila! Fin de semana inspirador; me ha hecho escribir este texto, que como los otros, estan basados en hechos reales.

sábado, 2 de octubre de 2010

Intrucciones de vida

Coger un libro. Cerrar los ojos. Abrir el libro por cualquier página. Con el dedo índice, señalar cualquier parte de las dos páginas. Abrir los ojos. Leer la frase señalada, la cual se convertirá en una frase que te marcará la vida.

viernes, 3 de septiembre de 2010


Querida Martha,

¿Cómo te va por Vancouver?
¿Cómo te fueron los exámenes finales? Por lo que me dijiste, ¡seguro que has aprobado con nota!
Me alegra verte tan feliz, ver que uno de tus grandes sueños se ha cumplido. Es estupendo.

Dave no para de preguntar por ti. Y siempre le contesto lo mismo: ¿Es que no has hablado con ella? Y siempre me contesta que sí, pero quiere saber qué me cuentas tú sobre él. Está MUY colgado. Por ti, naturalmente.
Por aquí todo sigue igual. Llegué de Barcelona el martes. Hicimos una fiesta de despedida, para todos los viajeros. ¡Me lo pasé en grande! La fiesta acabó en la playa a la hora del alba. Fue precioso. No sabía que los amaneceres cambiaban según el país donde estuvieras. Parece extraño, ¿verdad? En todas partes sale el mismo sol. Pero lo hace de distintas formas. Porque, en gran parte, depende de la compañía. Estuvo todo el mundo, incluido él. Él… Lo eché de menos esa misma mañana. Y esa noche, con él, fue mágico. Fueron unos momentos en que hablamos, nos miramos todo el rato... Me dijo que el invierno que viene seguramente se irá a Viena, su ciudad natal, para acabar los estudios. “¿Pero el verano que viene aún estarás aquí, no?” le pregunté. Me dijo que sí. Eso me alivió, y a la vez, me asustó.
Pero me arrepiento de una cosa. Me arrepiento de no haberle dicho que lo echaré mucho de menos, que me encanta su timidez extrema, que me fascina el misterio que encierra sus ojos, que la primera noche que nos conocimos fue mi luz en unos momentos de oscuridad, que somos iguales en muchas cosas, pero que me encanta que opinemos diferente en otros asuntos, que me gustaría mucho ir a ver los inviernos nevados que a él le gustan en Austria, que me encantaría que fuera él quien me enseñara a ir en skate, que me encanta su chaqueta (oh, ¡pero qué chaqueta!). Me arrepiento de no haberle dicho que le quiero. Pero todo esto no te lo debería estar diciendo a ti... Se lo tendría que haber dicho a él.
Y… no sé si son cosas mías, pero creo que él también quiso decirme algo. No sé sobre qué, pero sus ojos revelaron que esos labios tenían algo que decirme.

No sé. Todo el mundo sabe que los amores de verano son solo eso, de verano. Pero esta vez… no voy a hacer caso de los tópicos. Esta vez no. Además… siempre te estoy dando el mismo consejo. Y sí… lo admito: esta vez debería haberme hecho caso. Pero no lo hice. El Carpe diem. Aprovecha el momento. Porque como me dijo una vez una buena amiga: “Es mejor arrepentirte de una cosa que has hecho que no de una que no has hecho”.

En fin, te dejo. Seguro que estás muy liada entre las clases, los exámenes, y los nuevos amigos que has hecho. Espero que te vaya genial en esta recta final. Tengo un montón de ganas de verte, y de hacer nuestras quedadas semanales.

Muchos besos.
Te quiere,
Tu mejor amiga, desde la humilde ciudad de París.




Segundo texto en el blog. El verano ha ido muy bien. He conocido a gente nueva, he vuelto a ver a gente que hacía tiempo que no veía. He revivido nuevas sensaciones y emociones que pensaba que no iba a volver a vivir. Y ahora toca echar de menos todos estos momentos hasta el verano que viene.
También he escrito y he hecho un montón de fotos, pero no he publicado nada. Hasta hoy.

jueves, 15 de julio de 2010

Instantes azules


Hoy es un día importante. Hoy empiezo a escribir en este blog. Hace cerca de un año me planteé abrir un blog. "Más adelante", pensé. Estaba ocupada estudiando el primer curso de bachillerato (¡por fin lo terminé!). Llegaron las vacaciones de invierno. "En verano estaría bien". Y aquí estoy. Por fin me hice caso. Pero... ¿cómo me vino la idea de hacerme un blog? Pues bien, en esta idea contribuyó la modalidad de bachillerato que escogí, la rama humanística, o de letras. En una classe en particular escribíamos y leíamos mucho, y de ahí me vinieron gran parte de las ganas para escribir en un blog. Tengo que decir que el empujoncito de Judit me hizo decidirme.


Mi idea inicial para este blog es escribir en él tanto historia como textos de opinión propia y mis ideas o pensamientos. Tengo pensado escribir tanto en la lengua de Cervantes como en la de Quim Monzó (sé que normalment es posa: la llengua d'Ausiàs March, la llengua de Joanot Martorell... què vols que et digui? Prefereixo un bon article de Quim Monzó... sang de periodista). Quién sabe si algún día me atreveré con la lengua de Shakespeare...

¿Y por qué blue instants? Porque los momentos del verano son los que más anhelamos durante todo el año. Porque los instantes más preciados suelen pasar debajo del cielo, o al lado del mar.


Sea como sea, contribuiremos a "destrozar un poco menos" las lenguas. Espero que os gusten las historias, historietas, aventuras, pensamientos, ideas, curiosidades, indignaciones, alegrías, tristezas, deseos... que vaya colgando a lo largo del tiempo. También colgaré fotos con frecuencia para acompañar los textos. Supongo. Pero esa es mi intención.